"El Mortzestus, un velero de tres palos, tiene fama de ser una embarcación con mala estrella. Sin embargo, todo parece ir bien al principio... excepto por las sombras".

3 de junio de 2017

Get Out: Emplazamiento de producto

Get Out
Ocurre con escasa frecuencia que una película de género alcance un éxito comercial tan abrumador como el de Get Out, en España conocida como Déjame salir. En nuestro país incluso consiguió ser la película más vista durante la semana de su estreno, a pesar de haber estado a punto de ser una nueva víctima del tradicional maltrato que en nuestro país suelen sufrir las producciones de terror, ciencia ficción y demás: Get Out fue estrenada tan solo cuatro días antes de que en los EE.UU. se pusiera a la venta en los formatos domésticos usuales. Pero aunque todavía no he tenido ocasión de ver esta película, he llegado a conocerla de una manera íntima en exceso tras haber leído demasiados textos sobre las bondades de su combinación de elementos de horror y comentario social. Su presencia en los medios ha sido apabullante y me he topado con ella en blogs, podcasts, prensa generalista y hasta publicaciones alternativas como La Marea, que normalmente tienden a reservar su espacio para otro tipo de cuestiones de genero. Y por si todo esto no bastara, hubo unas semanas en las que Madrid estuvo recubierta por unos carteles de la película que incluían un código promocional para conseguir un descuento en desplazamientos realizados con Uber.

Estos días se está librando una batalla casi cruenta entre el sector del taxi de un lado y empresas como Uber y Cabify del otro, una batalla que forma parte de un conflicto más amplio en el que lo que realmente está en disputa son los modelos actuales de relación laboral. Sin entrar a valorar sus argumentos, estas compañías tratan de pintar un retrato amable de sí mismas, posicionándose como agentes de la innovación tecnológica y representantes de la llamada economía colaborativa frente a reaccionarios e inmovilistas. Como parte de esta estrategia se está llevando a cabo una gran inversión publicitaria destinada a un público objetivo mayoritariamente joven: de ahí el piggybacking de Uber en los carteles de Get Out u ofertas como la de Cabify a los asistentes a la última edición del festival Tomavistas.

Pero encuentro más intrusiva la publicidad de este tipo de compañías que se lleva a cabo en productos audiovisuales, algo cada vez más común en las series creadas por plataformas digitales como Netflix o Hulu. Así, Airbnb aparece de manera habitual en Master of None mientras que en los diálogos de The Handmaid's Tale se fuerza la mención de compañías como Tinder o Uber, al tiempo que se hace gala de mayor reticencia a la hora de nombrar el juego de mesa Scrabble, que sí forma parte integral de la trama. Al final, parece que la capacidad de innovación tecnológica de la que alardeaban estas empresas simplemente consistía en disponer de mayor dinero para invertir en estas nada novedosas formas de publicidad.

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