"El Mortzestus, un velero de tres palos, tiene fama de ser una embarcación con mala estrella. Sin embargo, todo parece ir bien al principio... excepto por las sombras".

19 de enero de 2016

M: Lo que una vez fue

He de confesar que la mayoría de miembros de la extensa familia del metal me son casi por completo ajenos. Mis escuchas apenas arañan la superficie de este vastísimo yacimiento musical, que en buena medida parece diseñado para ser inaccesible a los profanos. De hecho, sus vertientes más extremas presentan unas elevadísimas barreras de entrada para un oyente casual, exigiendo perseverancia para alcanzar objetivos tan básicos como que todas esas canciones dejen de parecernos la misma.

Mi experiencia con el metal se ciñe a algunos de los más accesibles de sus subgéneros: doom, symphonic y, sobre todo, gothic metal. La abundancia de melodías tenebrosas convierte estos estilos en algo que en otra época pude considerar apetecible. Pero el black metal nunca llegó a entrar en mi discoteca más que de manera testimonial, en parte por la aridez que percibía en aquel sonido y en parte por motivos extramusicales como el feísmo imperante en la imagen de los grupos, lo cuestionable de ciertos aspectos ideológicos subyacentes y las abominables camisetas de Cradle of Filth. Con no poco esfuerzo conseguí abrirme paso a través de alguno de los primeros discos de Burzum pero, a pesar de unas atmósferas sombrías muy de mi agrado, me sentía apabullado por los aceleradísimos tempos a ritmo de doble bombo y los aullidos demoniacos que hacían las veces de partes vocales. Todo ello incluso antes de tener en cuenta lo grotesco de prestar atención a la obra de una figura tan ignominiosa como Varg Vikernes.

Amalie Bruun
No ha sido hasta fecha reciente que me he aproximado de nuevo a músicas cercanas a aquel black metal de los años noventa del siglo pasado, en un intento propiciado por la banda francesa Alcest. El grupo de Neige fusila los elementos menos extremos del black metal, sometiéndolos a un tratamiento sonoro que va más allá de la distorsión y los asimila a un shoegazing impregnado de goticismo. Este blackgaze (como algunos se han apresurado a bautizarlo) ha creado cierta escuela y junto a bandas en pretendido ascenso como Deafheaven he encontrado proyectos tan de mi gusto como Myrkur. La intención lo-fi del EP homónimo ha quedado atrás en su primer álbum, de producción mucho más cuidada y titulado simplemente M. A pesar de todo, el proyecto de Amalie Bruun me obliga a realizar algún esfuerzo durante su escucha y no puedo evitar pasar casi de puntillas por alguno de sus largos pasajes instrumentales. Pero todo ello merece la pena cuando las recompensas son canciones como Onde Børn y Dybt i Skoven, con formidables melodías y unas voces tan etéreas que me sentiría tentado a calificarlas de angelicales si no fuera porque son los infiernos lo que estoy explorando.

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