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Mostrando entradas de enero, 2016

El hobbit: pasaje de vuelta

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No ha sido hasta hace unas semanas cuando por fin he visto la trilogía en que Peter Jackson ha dividido su adaptación cinematográfica de El hobbit, llevado a ello más por mi menguado sentido del deber que por verdadero interés. Ya me había enfrentado a Un viaje inesperado hacía algún tiempo aunque de aquella primera entrega solo recordaba lo volátil de su tono, oscilante entre la levedad de la obra original y la grandilocuencia propia de las grandes gestas. Pero ver estas tres películas casi de corrido me ha hecho apreciar la enormidad de lo perpetrado por Jackson, que ha reducido al mínimo la densidad argumental de una narrativa destinada a ser mero receptáculo de un sinfín de escenas de acción. El CGI hace que el resultado final tenga mucho de videojuego no interactivo, si bien en esencia se asemeja más a la fantasía rolera de un adolescente.

Pero son los cambios argumentales con respecto a la novela lo que ha impedido que tome esta adaptación en serio. Comprendo que algunos de ell…

M: lo que una vez fue

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He de confesar que la mayoría de miembros de la extensa familia del metal me son casi por completo ajenos. Mis escuchas apenas arañan la superficie de este vastísimo yacimiento musical, que en buena medida parece diseñado para ser inaccesible a los profanos. De hecho, sus vertientes más extremas presentan unas elevadísimas barreras de entrada para un oyente casual, exigiendo perseverancia para alcanzar objetivos tan básicos como que todas esas canciones dejen de parecernos la misma.

Mi experiencia con el metal se ciñe a algunos de los más accesibles de sus subgéneros: doom, symphonic y, sobre todo, gothic metal. La abundancia de melodías tenebrosas convierte estos estilos en algo que en otra época pude considerar apetecible. Pero el black metal nunca llegó a entrar en mi discoteca más que de manera testimonial, en parte por la aridez que percibía en aquel sonido y en parte por motivos extramusicales como el feísmo imperante en la imagen de los grupos, lo cuestionable de ciertos aspec…

Boyhood: amarillismo

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Me ha costado mucho tiempo pero finalmente he conseguido reconciliarme con el estrecho cauce por el que discurre mi interés en el cine. Ya hay demasiados elementos compitiendo por mi atención y con frecuencia paso por alto estrenos que debieran importarme, o descubro tardíamente la existencia de un clásico que aparentemente todo el mundo ya conocía. Pero aunque mi capacidad de obsesión es limitada y colmar estas lagunas no es algo que considere prioritario, ocasionalmente echo mano de diversos recursos para rescatar algunas películas: recomendaciones de amigos, entradas en la IMDb o la Wikipedia y, de manera más infrecuente e inconfesable, esas listas disfrazadas de artículos que tanto se prodigan en revistas como Jot Down.

He olvidado cómo llegué a reparar en Boyhood, pero probablemente fuera a través de una de las mencionadas listas, elaborada con la pretensión de enumerar lo mejor de 2014. Los doce años de rodaje en los que vemos crecer (o envejecer) a sus personajes son probablem…