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Mostrando entradas de diciembre, 2015

American Thighs: el billete dorado

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La importancia de la literatura infantil y juvenil como fuente de inspiración debiera estar fuera de toda duda, habida cuenta del peso de su legado en la cultura popular. La historia interminable es un ejemplo incuestionable, cuya influencia es visible por doquier aún hoy. Pero encuentro de especial interés que al menos tres grupos musicales hayan tomado su nombre de algún hallazgo realizado entre sus páginas: los metaleros Atreyu, los «indies» Vetusta Morla y los inefables Auryn. Por el contrario, tardé muchos años en descubrir que el nombre de Veruca Salt también era literario en origen, con la banda habiendo adoptado el nombre de la niña repelente de Charlie y la fábrica de chocolate. Como siempre, la vergüenza sentida ante cualquier asomo de ignorancia en asuntos de letras me hizo incluir esta novela de Roald Dahl en mi siempre abultada lista de libros pendientes. Y ahí continúa hasta hoy, sin que haya encontrado el momento para ir más allá de la adaptación dirigida por Tim Burto…

Wasteland 2: el futuro usado

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Mi relación con los videojuegos se vuelve más estrecha en determinados momentos, aunque lo esporádico de los mismos en absoluto sea aleatorio. Estos periodos suelen coincidir con situaciones de estrés o con la finalización de algún proyecto de importancia, como si de una manera no del todo consciente intentara hallar algún tipo de alivio o adjudicarme una recompensa.

El responsable más reciente de otro buen número de horas sacrificadas frente a mi ordenador ha sido Wasteland 2, la inesperada segunda parte de un añejo videojuego publicado en 1988. Su financiación a través de Kickstarter fue un gran éxito, teniendo en cuenta que se apartaba de manera muy consciente del actual paradigma dominante. En lugar de un héroe solitario cuyas acciones controlamos en primera persona y riguroso tiempo real, Wasteland 2 recupera la venerable perspectiva isométrica para permitirnos manejar un grupo de hasta siete personajes que resolverán sus batallas por turnos. Esta inesperada primacía del element…

Absolutamente moderno

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La batalla librada entre los libros en papel y sus contrapartidas electrónicas aún está lejos de resolverse y es difícil anticipar su resultado. Una coexistencia duradera de ambos formatos sería perfectamente posible pero los argumentos en favor de uno u otro a veces son empleados a modo de obuses, como si la lucha mencionada fuera real y solo pudiera sobrevivir el vencedor. El argumentario del bando digital tiene a centrarse en criterios prácticos, alegando lo cómodo de llevar toda una biblioteca personal en el bolsillo, la facilidad de realizar búsquedas en obras de referencia o la gratuidad y sencillez del pirateo. Por el contrario, los partidarios del libro impreso suelen recurrir a un romanticismo algo trasnochado y hasta pequeñoburgués, hablando del entrañable olor de los libros —como si algunos tipos de papel no hedieran a infierno— o lo bien que sus colecciones lucen en sus estanterías.

Aunque tiendo a preferir el papel, mis argumentos personales no son mucho mejores ni más m…