"El Mortzestus, un velero de tres palos, tiene fama de ser una embarcación con mala estrella. Sin embargo, todo parece ir bien al principio... excepto por las sombras".

27 de octubre de 2015

The Door Into Summer: Con o sin máquinas

Nunca he prestado demasiada atención a Regreso al futuro y he terminado por ver estas películas llevado por algo similar al sentido del deber. Parte de mi desgana quizá se deba a unos primeros encuentros harto accidentados: tanto como haber ido a rastras al cine para ver su tercera parte, sin haberle echado un solo vistazo a la segunda entrega y con un visionado fragmentario de la película original por todo bagaje.

A pesar de este desencuentro inicial he terminado por reconocer las virtudes de Regreso al futuro y comprender su influencia en la ficción moderna. Ni siquiera The Terminator ha contribuido tanto a la popularización de los viajes por el tiempo y las numerosas convenciones de genero relativas a los mismos, en particular las paradojas causadas al modificar el pasado. Estas elementos, ya explorados en numerosas ocasiones por la ciencia ficción literaria, continúan siendo fuente de inspiración para obras de todo tipo, aunque en ocasiones la tetradimensionalidad se trate de manera tan desprovista de lógica interna como en El ministerio del tiempo.

The Door Into Summer, por Robert A. Heinlein
Generalmente suelo encontrar mayor interés en las narraciones con líneas temporales de carácter determinista, mucho más comunes en la ciencia ficción dura. En este tipo de relatos la dimensión temporal funciona como un continuo inalterable, protegido de los cambios por leyes que podríamos llamar naturales. Primer es un fascinante ejemplo de esta inmutabilidad temporal a pesar de - o gracias a - su enmarañado argumento pero la reciente Predestination resulta un ejemplo mucho más accesible. Tan acertado me ha parecido su empleo de la paradoja temporal como recurso narrativo que la lectura de All You Zombies, el cuento de Robert A. Heinlein en que se basa, no ha sido suficiente para calmar mi curiosidad. Tras devorarlo he continuado con The Door Into Summer, una breve novela en la que los viajes temporales ocupan un lugar central. Pero a pesar de su agradable lectura se trata de una obra menor, sin la trascendencia de las grandes obras de Heinlein y fácilmente resumible como el regreso al pasado de su protagonista para recuperar su propiedad intelectual, rescatar a su gato y consumar una historia de amor, no exactamente pedófila pero sí con tintes ciertamente sórdidos. A pesar de todo, Heinlein cultivó está temática tan a menudo que no creo que mi investigación termine aquí.

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