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Mostrando entradas de septiembre, 2015

Silent Hill: no camines en silencio

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Las películas basadas en videojuegos ocupan uno de los últimos lugares en el escalafón de mis apetencias cinematográficas, no demasiado por delante de las películas de superhéroes. Buena parte de la culpa procede de la decepción que supuso Alone in the Dark, vista mucho antes de haber oído hablar de Uwe Boll. Y aunque el olvido suele comportarse como un amigo compasivo tampoco puedo evitar recordar el hastío experimentado ante Resident Evil, transmutado en película de acción y vehículo para el lucimiento de la futura esposa de su director. Lo perpetrado en esta última fue causa de la reticencia con que me aproximé a Silent Hill, tambien inspirada en una serie de videojuegos de horror a los que en este caso ni siquiera había jugado. De hecho, la posibilidad de hacerlo prácticamente ha dejado de existir: hace unos años Konami afirmó haber perdido el código fuente de la segunda y tercera entregas, llamando la atención una vez más sobre la necesidad de preservación de los videojuegos.

Si…

Un día perfecto: se fue a la guerra

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La de «cine español» es una categoría que suelo considerar enteramente irrelevante a la hora de decidirme a ver una película. Es cierto que no me intereso con frecuencia por la ficción que suele hacerse en este país, aunque ello obedece por lo general a razones de índole temática: el patrioterismo de los que recientemente se han desgañitado llamando falso español a Fernando Trueba es un sentimiento al que por fortuna soy ajeno.

Así, no fue difícil que se me persuadiera para ver Un día perfecto, la última película de Fernando León de Aranoa. Es esta una obra que, gracias a un reparto mayoritariamente internacional, invita como pocas al uso del espurio elogio «no parece española». Pero más allá de lo anecdótico, Un día perfecto es una excelente historia de aventuras en la que el esperado trasfondo social no supone una cortapisa al entretenimiento, de un modo que me hizo recordar lo realizado por Ken Loach en The Angels' Share.

Pero las mayores sorpresas de Un día perfecto no se hal…

Tusk: señor Súper

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No me considero un gran seguidor de Kevin Smith pero con el tiempo he llegado a ver la mayor parte de su obra. En su momento me perdí Clerks y le correspondió a Mallrats iniciarme en el particular universo de este director y guionista estadounidense. Desde entonces he faltado a muy pocas citas con sus películas, además de haber visto algunos capítulos de Comic Book Men; incluso me he aventurado a leer los escasamente memorables cómics de The Green Hornet guionizados por el propio Smith.

La reciente Red State supuso una ruptura relativamente traumática con la mayor parte de la obra anterior de Smith, caracterizada por el inofensivo costumbrismo friki como una de sus principales señas de identidad. Smith se adentra aquí en terrenos más complejos y narra con bastante tino —y un notable deje corrosivo— una historia en la que un poderoso desasosiego emana de elementos tan reales como el fanatismo religioso o las extralimitaciones de las fuerzas de seguridad. El poso de inquietud dejado po…