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Mostrando entradas de junio, 2015

House of Leaves: la casa azul

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Últimamente he detectado en mí alguna renuencia a enfrentarme a libros que superan cierta extensión, en especial si se acercan peligrosamente al millar de páginas. Nunca hasta ahora había sido melindroso al escoger mis lecturas y, aunque no se trata de pereza, la idea de no finalizar la lectura de un libro me produce tal desazón que en ocasiones actúo de manera preventiva, renunciando a abrirlo cuando sospecho que en algún momento la tentación de abandonarlo llegará a corroerme. Por ello, si termino con un voluminoso mamotreto en mis manos es porque lo he considerado un valor seguro. O quizá porque el sentido del deber me ha llevado hasta él.

Así, la extensión de House of Leaves supuso un pequeño escollo inicial. Pero esta novela de Mark Z. Danielewski contaba con elementos propios del horror que no habían impedido que fuera tomada más o menos en serio en los círculos literarios convencionales. Se trataba, por tanto, de una obra casi ineludible para mí y decidí seguir mi política usu…

Pequeño circo: yo iba al Maravillas

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La literatura sobre música popular escrita en España es tan escasa que cada nueva publicación debiera ser poco menos que celebrada. Sin embargo, los medios especializados de este país no suelen prestar gran atención al ensayo y, así, el relativo ninguneo sufrido por Pequeño circo no resulta en modo alguno inesperado. Esta obra del periodista Nando Cruz, subtitulada Historia oral del indie en España, pretende dar una visión de conjunto del panorama musical independiente surgido hacia los años noventa del siglo pasado. Pocas escenas han dejado un legado tan exiguo como esta y no puedo atribuir más que a una curiosidad insana el haber conseguido abrirme paso a través de casi mil páginas que versan sobre unos grupos que, en su mayor parte, me interesan aún menos hoy de lo que lo hicieron entonces.

Las escasas reseñas aparecidas en medios no generalistas han comparado invariablemente Pequeño circo con otras dos obras: Please Kill Me de Legs McNeil y Gillian McCain y la mucho más reciente

Kung Fury: es el futuro

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A pesar del agotamiento generado por la infinidad de maneras en que la década de los ochenta es regurgitada todavía aparecen productos con un aura casi de novedad. Este ha sido el caso de Kung Fury, un corto sueco financiado mediante micromecenazgo y que ha galvanizado la red en la semana transcurrida desde su publicación. Esta película es a un tiempo parodia y carta de amor al cine de acción de serie B, homenajeando los años ochenta de manera parecida a lo que Quentin Tarantino y Robert Rodríguez trataron de hacer con el cine de la década de los setenta en Grindhouse. De hecho ambas obras comparten similares tics y, donde Grindhouse empleaba el extravío de bobinas y el deterioro de la cinta como recurso narrativo y artificio visual, Kung Fury llega a mostrarnos algunas escenas como si las viéramos en una cinta de VHS con problemas de tracking. No obstante, sus notables efectos visuales impedirían que Kung Fury se hiciera pasar por un producto de hace treinta años si esa hubiera sido…