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Mostrando entradas de febrero, 2015

Nocturna: feliz en tu día

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Se me ocurren pocos objetos que puedan llegar a ser más interesantes de regalar que un libro, tanto para quien lo hace como desde la perspectiva de quien lo recibe. No creo que haya otro obsequio tan revelador de nuestro conocimiento del destinatario como un volumen bien escogido, amén de los infinitos mensajes que es posible enviar de esta manera. Pero para esto se precisa de cierta familiaridad tanto con el agasajado como con el libro en sí y por ello no suelo regalar libros que no haya leído previamente.

Aún así no me gusta agonizar en exceso sobre estos detalles y, lejos de intentar hallar el libro perfecto para cada persona, nunca me ha importado regalar un mismo libro en múltiples ocasiones: quizá no tanto por su carácter polivalente como por alardear de un hallazgo interesante. Y otras veces, las menos, la audacia me conduce a errores como regalar Nocturna, una novela escrita a cuatro manos por Guillermo del Toro y Chuck Hogan (o posiblemente bosquejada por el primero y pulida…

H.P. Lovecraft: I am Providence

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H. P. Lovecraft ha arrastrado desde siempre reputación de mal escritor debido al lastre percibido en ciertos elementos estilísticos: su calculado arcaísmo y, sobre todo, los floridos excesos verbales conocidos en la crítica literaria anglosajona como «prosa púrpura». Pero yo no recuerdo haber pensado nunca en Lovecraft como escritor de segunda fila y hoy me doy cuenta de cómo mi primer contacto con su obra fue extraordinariamente inspirador. Así mismo jamás me sentí acomplejado por mi afición a un escritor supuestamente mediocre, quizá a causa de una lectura temprana de There Are More Things: en modo alguno podía avergonzarme de leer a un escritor a quien el propio Borges había estimado oportuno rendir homenaje en un cuento. Pero pesar de haber sido mayormente relegado al gueto de la llamada literatura de género, el imaginario lovecraftiano hoy es conocido por personas que jamás se acercarán a su obra y forma parte de una cultura pop cada vez más similar a una red de arrastre.

Sin em…

El nuevo mecenazgo

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A pesar del eclecticismo extremo que hoy se le supone a todo aficionado a la música yo prefiero ejercer el derecho a interesarme solo por lo que me venga en gana, dejando de lado vacas sagradas, viejos dinosaurios y otras imprescindibilidades. Hay estilos a los que apenas me he asomado y no por ello los considero géneros menores. Tan solo se tratan de las fronteras de mi interés en la música, no tan académico como para obligarme a escuchar de todo.

El rap es uno de estos géneros por los que siento nula curiosidad, a pesar de algún escarceo juvenil de la mano de aquel recopilatorio titulado Rap'in Madrid y un amago de aproximación a Eminem cuando el estadounidense estaba en la cúspide de su popularidad. Pero no estoy entre quienes han criticado a la redacción de Rockdelux cuando la revista encabezó aquella canónica lista de trescientos álbumes con It Takes a Nation of Millions to Hold Us Back. Es una decisión arriesgada pero respetable y hasta defendible, aunque por lo que a mí re…