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Mostrando entradas de diciembre, 2014

Cien años de soledad: volverán los oscuros golondrinos

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Además de a nuestros destinos, el transporte público nos conducirá inevitablemente al extravío de algunas pertenencias. Paraguas, guantes y hasta sombreros han sido las víctimas usuales de mis despistes pero nunca hasta ahora había perdido un libro. Quizá el motivo sea que estos fieles compañeros no suelen abandonar mis manos mientras me encuentro en camino a donde sea, por no mencionar que el ruido que producen al caer no pasa tan inadvertido como el de una bufanda. Pero es más posible que esta ausencia de pérdidas haya sido un caso de inaudita buena suerte, tras no pocos años como estudiante y toda una vida de lector. Por supuesto que durante ese tiempo unos cuantos volúmenes han desaparecido de mi biblioteca, aunque la mayoría de bajas se hayan debido a préstamos no culminados en devolución o a accidentes tan vergonzantes como el sufrido por mi primera copia de Ghost World.

Sea como fuere, el disgusto causado por esta primera pérdida ha sido mayúsculo, en parte por la inversión no…

Death in June: ¿despertaré a la oscuridad?

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Hoy tiene lugar un acontecimiento tan poco frecuente como un concierto en Madrid de Death in June y me dispongo a asistir al mismo mientras experimento gran variedad de sensaciones. Pero entre ellas predomina la vergüenza por ir sin haber hecho los deberes, con la esperanza de escuchar un repertorio tan plagado de éxitos añejos como si fuera a ver cualquier dinosaurio de tres al cuarto en un festival veraniego. Y es que hace ya unos cuantos años que dejé de seguir la pista al proyecto de Douglas Pearce, aburrido de una música que me llegó a parecer repetitiva, prisionera de una fórmula tan caduca que ni siquiera en los momentos más gloriosos de su pasado le permitía alzar el vuelo por completo.

Dejando a un lado la experimentación inicial y la incursión electrónica que supuso Nada! la guitarra acústica es el instrumento que protagoniza la mayoría de las composiciones de Pearce. Pero la habilidad del británico como guitarrista se reduce a rasguear un exiguo número de acordes siguiendo…

Attack the Block: qué dientes tan grandes tienes

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Mi interés por la ciencia ficción siempre ha sido transversal, incluyendo libros, cine y lo que se tercie. Mis incursiones literarias no siguen un plan trazado de antemano pero cuando reflexiono sobre ellas me resulta fácil detectar patrones y apreciar el modo en que una novela conduce a otras o cómo un cuento determinado sirve de punto de partida para la exploración de nuevas temáticas. Por el contrario, no suelo andarme con tantos miramientos a la hora de escoger cine y veo casi cualquier cosa que llame vagamente mi atención, sin orden alguno y con frecuentes concesiones a películas que en realidad no me interesan demasiado.

Entre estas últimas a menudo encuentro cintas en las que los elementos de ciencia ficción son puramente accesorios, empleados para imprimir cierta pátina de género a historias que discurren por derroteros con mejores posibilidades recaudatorias. Un buen ejemplo es Oblivion, que no tarda en dejar atrás un comienzo prometedor al estilo de Moon para dar paso a la …