"El Mortzestus, un velero de tres palos, tiene fama de ser una embarcación con mala estrella. Sin embargo, todo parece ir bien al principio... excepto por las sombras".

22 de abril de 2013

¿Reyes desnudos?

Con el paso del tiempo las señales que revelan lo avanzado de nuestra edad se van haciendo cada vez más perceptibles y numerosas. Sin embargo, antes que los indicadores externos de declive físico encuentro más desolador todo aquello que evidencia el avance de la esclerosis intelectual, aún más difícil de combatir. Nos volvemos más "nuestros", tenemos más manías y la cerrazón a salirnos de los senderos ya transitados se convierte casi en absoluta. En lo que a mí respecta, una de las señales que mejor anticipa mi decadencia es la incomprensión de determinadas ideas musicales a pesar de mis esfuerzos.

The xx
Nunca he llegado a entender por completo a The xx, una banda cuyo nombre sólo me remitía a la enseña de El gran dictador aunque a la postre haya terminado por ser uno de los grupos más exitosos nacidos de la penúltima iteración del post-punk. Pero su preciosismo, sutileza y reverberaciones infinitas sólo me producen perplejidad cuando intento considerar The xx como una banda deudora de toda aquella crudeza. Muchos de los esbozos que en sus álbumes pasan por canciones han llegado a gustarme a pesar de ser puros esqueletos y la misma Islands suena a mis oídos como algo a medio hornear... aunque en ocasiones vislumbre algo de la belleza que muchos sí han sabido encontrar en ella.

Crystal Castles
Algo similar me ocurre con Crystal Castles, grupo en el que percibo con más claridad la brecha generacional que dificulta mi comprensión de parte de la música que se hace hoy. Los sonidos de 8 bits y otros guiños supuestamente retro - que desde mi perspectiva no están tan alejados en lo temporal - me impiden llegar a comprender la intención oculta tras la fachada. Pero al igual que me ocurre con The xx encuentro apasionantes muchas de sus canciones y he llegado a reconocer el carácter especial de un tema que inicialmente me horrorizaba tanto como Love and Caring. Aún así, escuchar de una sentada cualquiera de los tres álbumes de Crystal Castles me parece una tarea demasiado ardua para tratarse de un grupo que no termina de dejarme del todo indiferente. No sé si se trata del enésimo traje nuevo del emperador o si de verdad hay en ellos algo que me elude. Probablemente no los haya escuchado lo suficiente.

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