"El Mortzestus, un velero de tres palos, tiene fama de ser una embarcación con mala estrella. Sin embargo, todo parece ir bien al principio... excepto por las sombras".

7 de febrero de 2013

Por encima del hombro

Últimamente no puedo evitar pensar que la relativa abundancia cultural que hoy vivimos está enmascarando o incluso propiciando un cierto empobrecimiento intelectual. Es tanta la oferta que nos sentimos tentados a tratar los bienes culturales como productos que disfrutar sólo una vez antes de pasar a lo siguiente, algo que ocurre con especial frecuencia en el caso de la música: hay tanta y tan variada que difícilmente puedo no abordar disco tras disco de manera casi estajanovista, oyéndolos más que escuchándolos y sin apenas detenerme porque aún queda mucho trabajo por hacer.

Ya sea por genuino interés en las novedades o por una vaga ambición de estar a la última, lo cierto es que en el pasado reciente rara vez me he sorprendido a mí mismo escuchando un disco múltiples veces en sucesión, perdiéndome entre sus canciones mientras dejaba que crecieran en mí al descubrir elementos nuevos con cada audición. Se trata de algo que sí acostumbraba hacer durante mi adolescencia pero que abandoné cuando la oferta sonora desbordó mis anaqueles y dejé de tener el tiempo necesario para seguir la pista de todos los discos imprescindibles que aún tenía pendientes.

Pero este primer álbum de DIIV me ha capturado de tal manera que lo he escuchado casi demasiadas veces durante la última semana. Esta banda neoyorquina es el proyecto personal de Zachary Cole Smith, exguitarrista de unos Beach Fossils a los que ha dejado muy atrás. Con un sonido consistente en una generosa porción de dream pop servida sobre una base post-punk el resultado audible en Oshin es netamente ochentero, similar a un hipotético reverso luminoso de The Soft Moon y recordando ligeramente a The Cure, si no en intención sí en sonoridad. Pero la melodía es fundamental en este proyecto y la voz queda relegada a un segundo plano, recibiendo un tratamiento difuminado al estilo shoegazer y llegando a desaparecer en muchos temas, que pasan a ser instrumentales sin el menor atisbo de la pretenciosidad de la que algunas bandas de post-rock suelen hacer gala. Son breves retazos de pop entre los que no puedo dejar de destacar Sometime como ejemplo de canción emocionante y perfecta.

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