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Mostrando entradas de febrero, 2013

Ingeniería

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El retrofuturismo presente en las obras clásicas de ciencia ficción es algo que encuentro cautivador por diversos motivos. Pero asomarse al futuro desde una ventana abierta en el pasado es también una experiencia desconcertante, tanto por la alienación que produce lo que pudo haber sido y jamás fue como por la sorpresa causada por el reconocimiento de elementos que sí han llegado a existir en nuestro presente - y que alguien pudo imaginar décadas atrás.

El comienzo del siglo XXI dejó incumplidas muchas de las promesas de la ciencia ficción, con los famosos coches voladores siendo una de las más manidas. Pero el futuro que llegó sí ha adquirido algunos de los tintes sombríamente distópicos que fueran anticipados por autores como Frederik Pohl o William Gibson, con el estado perdiendo su puesto de principal agente económico en favor de las empresas trasnacionales. Las diferencias con nuestra realidad son fundamentalmente cosméticas: a principios de la década de los ochenta la moda era mo…

La taylorización del héroe

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No hace tanto que mencionaba mi desagrado por el concepto de placer culpable, idea que se me antoja empleada en exceso y, tomada en serio, demasiado afín a ejercicios de hipocresía tales como la preocupación de puertas para afuera por la marca España. Personalmente prefiero ir más allá del "esto no debería gustarme" para abrazar mis intereses más oscuros e intentar descubrir su fuente, evidente en algunas ocasiones y precisando de algo de introspección en otras.

Mi afición a la narrativa de corte pulp es una de esas debilidades cuya procedencia no tengo del todo clara aunque suela responsabilizar a Verne, Stevenson y demás culpables de haber cultivado mi gusto por la aventura. Aún hoy continúo disfrutando con los mitos de Cthulhu, leyendo números atrasadísimos de Savage Sword of Conan, revisitando a Salgari cada tanto e incluso lanzándome a descubrir la obra de autores de la catadura de Edgar Rice Burroughs, una de esas lecturas que sólo parecen tener sentido durante la adol…

Por encima del hombro

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Últimamente no puedo evitar pensar que la relativa abundancia cultural que hoy vivimos está enmascarando o incluso propiciando un cierto empobrecimiento intelectual. Es tanta la oferta que nos sentimos tentados a tratar los bienes culturales como productos que disfrutar sólo una vez antes de pasar a lo siguiente, algo que ocurre con especial frecuencia en el caso de la música: hay tanta y tan variada que difícilmente puedo no abordar disco tras disco de manera casi estajanovista, oyéndolos más que escuchándolos y sin apenas detenerme porque aún queda mucho trabajo por hacer.

Ya sea por genuino interés en las novedades o por una vaga ambición de estar a la última, lo cierto es que en el pasado reciente rara vez me he sorprendido a mí mismo escuchando un disco múltiples veces en sucesión, perdiéndome entre sus canciones mientras dejaba que crecieran en mí al descubrir elementos nuevos con cada audición. Se trata de algo que sí acostumbraba hacer durante mi adolescencia pero que abandoné …