"El Mortzestus, un velero de tres palos, tiene fama de ser una embarcación con mala estrella. Sin embargo, todo parece ir bien al principio... excepto por las sombras".

31 de octubre de 2012

En el lago de fuego

Aunque a primera vista el cómic no parezca un medio especialmente apropiado para tratar temáticas de horror existe un gran número de títulos dedicados a desmentir tal afirmación. Por desgracia, en demasiados casos estos tebeos "de miedo" se limitan a recoger unas cuantas de las convenciones del género junto a un puñado de sus personajes más arquetípicos, ofreciendo un resultado tan manido y plagado de vampiros (y zombis) como cabría esperar. Pero existen algunos cómics que discurren por vericuetos bien distintos a pesar de ataviarse con similares ropajes terroríficos.

Éste es el caso de Hellboy y Hellblazer, dos series fantásticas antes que de horror y cuyas semejanzas van algo más allá de la inclusión del infierno en su título, con protagonistas implicados en la lucha contra un mundo oculto al que la humanidad es ajena. Así mismo, ambas colecciones cuentan con adaptaciones cinematográficas: Hellboy con sus dos versiones homónimas dirigidas por Guillermo del Toro y Hellblazer con la interesante pero irregular y poco fiel Constantine. En Hellboy hallamos un protagonista literalmente demoníaco que, sin embargo, es miembro de una agencia gubernamental dedicada a mantener nuestro mundo a salvo de fuerzas sobrenaturales. Las películas emplean un tono jocoso no del todo presente en la obra original, que contiene mucho menos humor físico y bastante más horror cósmico. El cómic no es exactamente oscuro pero carece del desenfado de las cintas y es mucho más recomendable que éstas.

De mayor interés es un Hellblazer donde se nos muestra la figura solitaria y algo turbia de John Constantine, fumador compulsivo, antiguo músico y mago atípico. Mientras Hellboy resuelve la mayor parte de sus problemas mediante la violencia, Constantine es un individuo frágil cuyo conocimiento de lo arcano, su astucia y su red de contactos constituyen sus únicas armas. La serie comenzó su andadura en los años ochenta del pasado siglo y hay un buen número de elementos a los que es posible dar una lectura política, con una crítica al thatcherismo casi tan palpable como la existente en V de Vendetta. Es este uso de elementos del mundo real como telón de fondo lo que marca la diferencia fundamental entre Hellboy y Hellblazer, siendo lo que dota de mayor interés a esta última serie y la hace trascender la barrera de lo meramente fantástico.

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