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Mostrando entradas de octubre, 2012

En el lago de fuego

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Aunque a primera vista el cómic no parezca un medio especialmente apropiado para tratar temáticas de horror existe un gran número de títulos dedicados a desmentir tal afirmación. Por desgracia, en demasiados casos estos tebeos "de miedo" se limitan a recoger unas cuantas de las convenciones del género junto a un puñado de sus personajes más arquetípicos, ofreciendo un resultado tan manido y plagado de vampiros (y zombis) como cabría esperar. Pero existen algunos cómics que discurren por vericuetos bien distintos a pesar de ataviarse con similares ropajes terroríficos.

Éste es el caso de Hellboy y Hellblazer, dos series fantásticas antes que de horror y cuyas semejanzas van algo más allá de la inclusión del infierno en su título, con protagonistas implicados en la lucha contra un mundo oculto al que la humanidad es ajena. Así mismo, ambas colecciones cuentan con adaptaciones cinematográficas: Hellboy con sus dos versiones homónimas dirigidas por Guillermo del Toro y Hellblazer

Cuando calienta el sol

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Entendida en su sentido más amplio e inclusivo, la música pop está lejos de ser un todo homogéneo y se presenta de numerosísimas guisas. Pero entre este sinfín de etiquetas existen algunas que siempre he encontrado fascinantes, como la asignada a las bandas que se consideraron parte de aquel efímero movimiento llamado shoegazing.

Surgiendo a finales de los años ochenta y comienzos de los noventa, en líneas generales se podría afirmar que estos grupos conjugaron el carácter etéreo de Cocteau Twins con el ruidismo presente en The Jesus and Mary Chain, siguiendo decididamente la estela dejada por My Bloody Valentine. Pero la llegada del grunge a las listas de ventas hizo que el público se olvidara de estos músicos de mirada huidiza y para cuando el britpop hizo renacer el interés en la música británica ya nadie quería escuchar sus cuidadas evocaciones de paisajes sonoros. El pop postulado por Suede o Blur poco tenía que ver con ello y de las bandas que intentaron adaptarse a los nuevos ti…

Noli me tangere

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Recientemente he dedicado unas cuantas horas a Avadon: The Black Fortress (uno de los últimos videojuegos de Jeff Vogel) y aunque había probado la suculenta demo en mi PC de confianza he terminado por degustar el menú completo en su versión para Android. Esta prueba ha hecho mucho por reconciliarme con la idea de jugar mediante una interfaz exclusivamente táctil, un elemento que en principio no conseguía disociar de ciertos títulos de corte casual pero que ha demostrado ser una manera muy apropiada de disfrutar de experiencias más complejas y cautivadoras. De hecho, la interfaz táctil me ha parecido tan cómoda que incluso me he permitido apuntarme un tanto imaginario en mi lucha contra la obsolescencia personal, como cada vez que consigo adaptarme a algo nuevo de manera entusiasta y sin añorar anteriores y familiares sistemas.

Siendo un juego de rol a la antigua usanza - ambientación fantástica, perspectiva isométrica y combate por turnos - jugar Avadon en una tableta ha resultado ser …