"El Mortzestus, un velero de tres palos, tiene fama de ser una embarcación con mala estrella. Sin embargo, todo parece ir bien al principio... excepto por las sombras".

24 de septiembre de 2012

...pero están en éste

La cuestión acerca de si el mundo que percibimos constituye la auténtica realidad o si se trata de un elaborado engaño ha estado presente en la literatura durante siglos, siendo como es una antigua cuestión a la que la filosofía ha tratado de dar respuesta en numerosas ocasiones. La duda metódica de René Descartes es el ejemplo más inmediato, al asumir que lo percibido a través de nuestros sentidos puede ser falaz. Pero también Platón habla de la dificultad de conocer el mundo de las ideas, apenas vislumbrado como una sombra en el mito de la caverna que recoge en su República.

Desde este punto de vista la premisa fundamental de Matrix no era especialmente novedosa en el momento de su aparición, ya que se limitaba a recoger estas añejas ideas completándolas además con la alegoría del cerebro en una cubeta. Probablemente Stanisław Lem es quien mejor ha tratado este tema clásico de la ciencia ficción, aunque su expresión más cruda y literal - y quizá también la más antigua - se halla en El susurrador en la oscuridad de Lovecraft. Pero Matrix no ha sido la primera ni, desde luego, la más interesante incursión del cine en el terreno de la realidad simulada.

Películas como eXistenZ de David Cronenberg o la más reciente Inception de Christopher Nolan también han mostrado la dificultad de discernir cuál es la verdadera realidad cuando ésta se divide en varios niveles, algunos de ellos virtuales y otros no... o quizá también. Pero más destacable es Dark City de Alex Proyas, cuyo estreno coincidió temporalmente con el de El show de Truman (con la que comparte alguna semejanza) y precedió al de Matrix en un año. Dark City también nos muestra un mundo donde la realidad es mera apariencia y en el que, al igual que en Matrix, el ser humano se ve reducido a la condición de materia prima por un remedo del genio maligno cartesiano. Sin embargo, la película no fue especialmente bien recibida en su día y tardó varios años en alcanzar ese elusivo estatus de clásico de culto. Aún así, el interés en la cinta ha sido el suficiente para que en 2008 se publicara una edición especial con un montaje del director, quizá la mejor manera de aproximarse a esta intrigante historia de ciencia ficción ribeteada de género negro.

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