"El Mortzestus, un velero de tres palos, tiene fama de ser una embarcación con mala estrella. Sin embargo, todo parece ir bien al principio... excepto por las sombras".

29 de julio de 2012

Estos no son los androides que buscáis

Del mismo modo en que antaño se solia ser socialista "de toda la vida" o en fechas más recientes resulta difícil encontrar votantes confesos del PP, el ámbito de la música pop también se presta a cambios de opinión vertiginosos y giros de ciento ochenta grados. A todos nos gusta subirnos al carro del triunfo y estilos que hoy son denostados mañana podrían llegar a ser reivindicados por sorpresa: tan sólo es necesario que alguien consiga prender una chispa de nostalgia al enarbolar el estandarte harapiento de turno. El actual fervor shoegazer es tan sólo el ejemplo más reciente de los revisionismos de este tipo; aunque tampoco podemos olvidar aquella pasión por lo post-punk que a la postre no fue tan pasajera y, como no, la perenne nostalgia por los años noventa del pasado siglo.

La aparición del fenómeno grunge a comienzos de los noventa ha sido interpretada en ocasiones como una reacción a los aspectos más afectados de la década anterior, sustituyendo emperifollamiento por desaliño de una manera casi hegeliana. Tendrían que pasar unos cuantos años para que la década de los ochenta fuera revisada bajo una luz más favorable y, del mismo modo, los años noventa pasaron por una fase inicial de relativo olvido que no tardó en dejar paso al reconocimiento casi universal y la mitificación que conlleva. Bandas que habían sufrido los más ignominiosos desprecios cuando parecían acabadas regresan ahora para encontrarse con legiones de ávidos nuevos fans "de siempre", como si nadie le hubiera dado la espalda a Suede tras Head Music o A New Morning.

Pero son muchos los grupos que han permanecido ajenos a este revival de unos años noventa que en el fondo nunca terminaron de irse del todo. Es el caso de los norirlandeses Ash, un grupo casi siempre bien tratado por la crítica a pesar de haber navegado a contracorriente durante los primeros años de su carrera, en las postrimerías del britpop. Con una colección de singles absolutamente envidiable - no hay más que escuchar la compilación Intergalactic Sonic 7''s - y unas letras capaces de abarcar desde el ingenuo simbolismo de Walking Barefoot hasta el frikismo cerril de Kung Fu, Ash es uno de los grupos imprescindibles de los noventa e incluso de los dosmiles (o como queramos llamar a la primera década de este siglo). Su legado es plenamente audible en bandas como The Subways mientras que álbumes como Free All Angels son referencia obligada para todo aquel que guste del pop melódico con mordiente. Y aunque Ash sigue en activo y no es un grupo tan olvidado como muchos de sus coetáneos, sí es merecedor de una mayor atención que la recibida en los últimos tiempos.

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