"El Mortzestus, un velero de tres palos, tiene fama de ser una embarcación con mala estrella. Sin embargo, todo parece ir bien al principio... excepto por las sombras".

24 de febrero de 2012

Hic sunt dragones

Cuando me iniciaba como lector de fantasía las opciones existentes al pasar la última página de El señor de los anillos no eran demasiadas. Las librerías especializadas escaseaban y era a las de toda la vida donde el lector medio acudía para descubrir que los títulos fantásticos editados en España eran pocos, reduciéndose a lo publicado por editoriales como Acervo, Martínez Roca o Minotauro. Sin embargo, los libros hacia los que la mayoría de aficionados solíamos gravitar eran las publicaciones de Timun Mas. La presencia casi ubicua de sus lujosas - es un decir - colecciones hacía que permanecer ajeno a Dragonlance y subproductos semejantes fuera difícil y no creo que demasiados aficionados al género escaparan de aquella época ilesos, sin un par de tomos de Reinos olvidados o algo peor en su estantería.

Sin embargo, además de aquellos sucedáneos literarios producidos por la extinta TSR, la editorial catalana también publicaba cosas de mayor interés: El éxodo de los gnomos de Terry Pratchett, El tapiz de Fionavar de Guy Gavriel Kay o Añoranzas y pesares de Tad Williams. Recuerdo especialmente el primer volumen de esta última serie - portador del rotundo título El trono de huesos de dragón - y cómo se convirtió en ese típico libro con el que me topaba en todas partes y que me obligaba a encontrar excusas para no comprarlo: es muy largo, es muy caro, tengo muchas lecturas pendientes, no conozco al autor, no me apetece comenzar otra trilogía...

No ha sido hasta fecha más bien reciente que los libros de Añoranzas y pesares (o más bien Memory, Sorrow and Thorn) han caído en mis manos. Las semejanzas con Canción de hielo y fuego son evidentes y no sorprende que George R. R. Martin afirme que la obra de Tad Williams ha sido una gran inspiración para su propia saga de fantasía. Como la obra de Martin, Añoranzas y pesares tiene un tono más adulto de lo usual en la narrativa de este tipo y no porque la sangre salpique o se narre sexo explícito sino por lo meritorio de introducir matices de gris en una historia de corte abiertamente heroico. Los clichés son numerosos pero una lectura atenta revela la abundancia de momentos en los que Williams se aleja de las convenciones del género, hasta tal punto que buena parte de esta trilogía parece dedicada a subvertir los tópicos más frecuentes de la literatura fantástica. No se trata de una lectura fácil o ligera y no me atrevería a recomendar estos libros sin reservas pero he sido capaz de disfrutar de la mayor parte del tiempo que les he dedicado aunque generalmente sólo se hable de ellos para calificarlos de aburridos.

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