"El Mortzestus, un velero de tres palos, tiene fama de ser una embarcación con mala estrella. Sin embargo, todo parece ir bien al principio... excepto por las sombras".

23 de junio de 2011

¿...y mazmorras?

Es del todo imposible aproximarse a Dragon Age II sin tener algunas opiniones preconcebidas sobre el mismo, especialmente ahora que ya ha transcurrido algún tiempo desde su publicación. Son especialmente populares aquellas corrientes de pensamiento que consideran a este inocente juego como una traición al legado de su predecesor, una muestra más de como EA está ordeñando a BioWare o incluso un nuevo exponente del declive de los videojuegos de rol. A este abanico de opiniones ajenas tengo que añadir mis propias expectativas, inevitables tras haber empleado demasiadas horas recorriendo los senderos de Dragon Age: Origins, su expansión Awakening y sus múltiples DLCs, adquiridas éstas últimas durante un arrebato de coleccionismo cerril.

Dragon Age: Origins no me pareció exactamente aburrido o poco inspirado aunque el énfasis en presentarlo como el consabido "retorno a las raíces" de los juegos de rol fue exagerado y francamente falso, teniendo en cuenta lo pretendidamente posmoderno y next-gen de su planteamiento. En cuanto a la ambientación, ésta no pasaba de ser una mescolanza más o menos interesante construida a base de entrar a saco en la obra de autores como George R. R. Martin, Andrzej Sapkowski y Robert Jordan. Un elemento más novedoso es la presencia de una religión monoteísta de inspiración católica como un importante elemento de trasfondo, algo casi inédito en ambientaciones de corte fantástico. Pero su sistema de juego, absolutamente espantoso para cualquier jugador con veleidades tácticas, es el principal motivo por el que Origins no ha sido elevado a la categoría de clásico.

Dicho esto, no espero que Dragon Age II vaya a ofrecer una experiencia muy diferente de la entregada por el primer capítulo de la serie. Es cierto que en lo visual hay una importante discontinuidad estética con Origins, debido al rediseño de unos cuantos aspectos cuya apariencia ya había sido fijada y a la inclusión de ciertas armaduras al estilo Final Fantasy. Pero el sistema de combate no parece presentar una gran evolución, con los aspectos tácticos aún limitados a la programación de la IA de nuestros personajes y sin posibilidades de establecer una pausa automática ante ciertas condiciones o de asignar las próximas acciones que queremos que sean ejecutadas a una cola. Los principales cambios vienen a ser la introducción de un sistema de diálogo exactamente igual al empleado en la serie Mass Effect y el hecho de que nuestro personaje tenga que ser un tal Hawke en lugar de poder crearlo más o menos libremente. En unos días podré expresar mi propia opinión en lugar de repetir las de otros pero por el momento me atrevo a aventurar que no creo que Dragon Age II resulte tan malo como el sentir mayoritario afirma: más bien será un título mediocre como ya lo fuera Origins.

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