"El Mortzestus, un velero de tres palos, tiene fama de ser una embarcación con mala estrella. Sin embargo, todo parece ir bien al principio... excepto por las sombras".

8 de mayo de 2011

The one and only

Llevaba algún tiempo aguardando la segunda película de Duncan Jones aunque, paradójicamente, el esfuerzo publicitario que ha precedido al estreno de Código fuente casi ha conseguido que la pasara por alto. Y es que el anterior trabajo de Jones - la muy recomendable Moon - tuvo un estreno mucho más discreto que su nueva obra, sin credenciales independientes y acompañada de tal fanfarria hollywoodense y despliegue de carteles que pensé hallarme ante el último thriller de moda.

De hecho Código fuente viene ataviada con ropajes de thriller pero es ante todo una película de ciencia ficción, semejante a Moon en alguno de los temas tratados aunque completamente distinta en tono y forma. Sin embargo es casi como si el propio Jones nos invitara a compararlas, con guiños como la osadía autorreferencial de incluir en ambas películas una misma canción de Chesney Hawkes, otrora terror de las nenas. Más allá de estos pequeños detalles, Moon y Código fuente presentan no pocos parecidos, comenzando con la presencia de un protagonista masculino que sabe sobre sí mismo mucho menos de lo que cree. Así mismo, las referencias a clásicos del género continúan siendo abundantes aunque en esta ocasión la omnipresencia haya dado paso a la sutileza y ya no se juegue constantemente a subvertir las convenciones del género. Lo cierto es que la cinta viene a ser una suerte de hermana perversa de Atrapado en el tiempo con mucho de El otro tigre de Arthur C. Clarke, todo ello imbuido del espiritu de Philip K. Dick. La dislocación temporal y la exploración de un motivo como la realidad simulada hacen pensar en la reciente Origen de Christopher Nolan o incluso en Matrix aunque las semejanzas no vayan más allá de lo anecdótico.

Pero lo que me hizo torcer el gesto durante el visionado de Código fuente ha sido lo mismo que empañara parte del brillo de Moon. La necesidad de dotar de final feliz a una historia impregnada por una desesperanza casi lovecraftiana es algo que no consigo llegar a entender y que a mis ojos hace que el resultado final desmerezca un tanto. No sé hasta qué punto ello habrá ayudado a conseguir los excelentes resultados alcanzados en la taquilla pero me siento tentado a inventarme un final distinto para Código fuente, algo que podría ser tan sencillo como prescindir de los minutos finales de su metraje.

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