"El Mortzestus, un velero de tres palos, tiene fama de ser una embarcación con mala estrella. Sin embargo, todo parece ir bien al principio... excepto por las sombras".

31 de marzo de 2011

Brujas y hadas

En ocasiones resulta fácil caer en la tentación y emplear adjetivos como atmosférico, ambiental y similares para describir música tediosa, en la que el ruidismo ha triunfado sobre ritmo y melodía. Pero a pesar de lo extendido de este uso eufemístico del término, existen grupos que realmente hacen de lo atmosférico su estandarte y dedican el grueso de su producción a pintar complejos paisajes sonoros. Éste es el caso de los añorados Cocteau Twins, quizá uno de los exponentes fundamentales de esta manera de entender la música, llena de glosolalia y sinestesias.

Cocteau Twins es además una de las referencias inevitables al intentar describir Violet Cries, el primer álbum de Esben and the Witch. Esta banda de Brighton presenta aquí una propuesta bastante alejada del pop que se lleva ahora y mucho más próxima a cierto sector del goticismo de los años ochenta. El déjà vu es constante durante la escucha de Violet Cries, durante la cual pueden oirse, además de reminiscencias de los ya mencionados Cocteau Twins, numerosos ecos de los The Cure del Seventeen Seconds o incluso de los Siouxsie and the Banshees del Join Hands. Cualquier posible semejanza con estos últimos es aún más evidente por el innegable parecido entre los estilos vocales de Siouxsie Sioux y Rachel Davies, con ésta última sonando como una alumna aventajada de la primera - al igual que le ocurriera a la propia Elisabeth Fraser de Cocteau Twins en Garlands al principio de su carrera.

En definitiva, atmosférico es el término que mejor describe este Violet Cries, aunque en esta ocasión ello no quiera decir que sus diez cortes estén desprovistos de interés melódico o que todos ellos suenen con una dosis similar de tetricismo. Por supuesto que en este disco no encontraremos de todo pero junto a los temas eminentemente etéreos coexisten los devaneos bailables de Eumenides, los sonidos pseudomarciales de Marching Song y las guitarras chirriantes de Warpath. Cabe criticar la reverberación excesiva que colorea casi cada instrumento en la mayoría de canciones pero ello no arruina la variedad presente en la paleta sónica de Esben and the Witch, y es que resulta alentador que la oscuridad venga en sabores distintos.

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