"El Mortzestus, un velero de tres palos, tiene fama de ser una embarcación con mala estrella. Sin embargo, todo parece ir bien al principio... excepto por las sombras".

23 de noviembre de 2009

Una nueva vida le espera en las colonias del mundo exterior

Aunque no creo que la ciencia ficción sea uno de mis géneros preferidos lo cierto es que nunca he tenido dificultades para hacerle un hueco entre mis dispersas lecturas, intercalando aquí unos cuentos de Ray Bradbury y allí una novela de Ursula K. Le Guin. Pero la ciencia ficción que los expertos llaman dura (la que tiene más de ciencia que de ficción, por describirla de alguna manera) siempre me ha parecido algo tediosa, con sus interminables y farragosas explicaciones sobre constantes gravitacionales y física cuántica. Y, claro está, como lector ducho en tales lides suelo leer ese tipo de digresiones cruzando los dedos para que el autor termine cuanto antes con la palabrería pseudocientífica y continúe contándome su historia.

Pórtico Pero Pórtico ha resultado no ser una novela tan "científica" como temía. El norteamericano Frederik Pohl narra una historia que se desarrolla en dos líneas temporales distintas en capítulos alternos: una de ellas es la línea argumental principal de la novela mientras que la otra recoge las sesiones del protagonista con su psicoterapeuta, permitiéndonos atisbar las razones que había detrás de sus actos en la trama central y caracterizándolo mucho más allá de las habituales dos pinceladas rápidas. La acción transcurre en un futuro no muy lejano en el que las condiciones de vida en nuestro planeta se han deteriorado hasta llegar al borde del colapso total del sistema. Pero cuando en Venus y otros lugares se encuentran las reliquias de una raza alienígena desaparecida, los llamados heechee, comienza una especie de caza del tesoro patrocinada por los gobiernos de la Tierra, concediendo enormes recompensas a todo aquel que halle tecnología susceptible de ser empleada para mejorar las condiciones de vida del ser humano.

Pórtico tiene todo el encanto de una novela de aventuras a la antigua usanza en la que el espacio hace las veces de última frontera. El distópico mundo que se nos muestra me pareció tan intrigante que decidí leer el resto de La saga de los heechee, cuatro volúmenes adicionales que no me atrevo a calificar de innecesarios pero tampoco de imprescindibles. Por último, el libro fue publicado originalmente en 1977, lo que le hace contar con alguna de esas pintorescas señas de identidad que caracterizan a buena parte de la ciencia ficción escrita durante la Guerra Fría. Resulta especialmente llamativo el hecho de que las cuatro potencias terrestres del mundo de Pórtico sean nada menos que los Estados Unidos, China, Brasil y una Unión Soviética que, aunque en el mundo real había iniciado los preparativos para la construcción de la estación espacial Mir, ya se hallaba sumida en el estancamiento económico que comenzó al final de la era de Brezhnev. Quizá este punto se podría considerar como una prueba de que Pórtico no ha envejecido bien pero a mí más bien me parece una pequeña e interesante incursión sobrevenida en el campo de la historia alternativa.

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