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Mostrando entradas de octubre, 2009

El huevo o la gallina

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A pesar de que Bauhaus nunca llegó a ingresar en la siempre elusiva categoría de mis grupos favoritos tengo que reconocer que los fundadores del llamado rock gótico le pusieron banda sonora a buena parte de mi postadolescencia, con sus oscuras atmósferas y estudiada imagen. De hecho me llegaron a gustar lo suficiente como para no conformarme con sus cuatro álbumes y escuchar algún disco de Love and Rockets, sorprendiéndome al reconocer alguna que otra canción como So Alive por haberla escuchado años atrás en los mismísimos 40 Principales. Y tras haber seguido las andanzas de Daniel Ash, David J y Kevin Haskins no podía dejar de lado la carrera en solitario de Peter Murphy, el cantante y maestro de ceremonias de Bauhaus.

Conocí a Peter Murphy a través de una cinta recopilatoria que algún conocido tuvo a bien hacerme llegar y que incluía una siseante grabación de All Night Long. Con el tiempo he llegado a escuchar la mayor parte de su discografía pero a excepción de Deep y Cascade sus ál…

¿Sí, señor?

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Generalmente suelo explicarle a mis conocidos que conocí a Robert A. Heinlein a través de la notoria Forastero en tierra extraña, famosa entre otras cosas por ser uno de los libros de cabecera de Charles Manson. Sin embargo me temo que en realidad el primer encontronazo vino de la mano del holandés Paul Verhoeven y su adaptación cinematográfica de Starship Troopers. En su momento Starship Troopers me pareció simplemente una divertida película de acción, si bien no comprendí a aquellos que la tildaban de militarista o incluso la acusaban de celebrar el fascismo cuando lo que yo había percibido era una más que evidente sátira de esos mismos elementos. Por si fuera poco algún que otro sesudo experto en ciencia ficción se quejaba de como Verhoeven se había limitado a rodar una película de acción, dejando de lado y hasta corrompiendo el espíritu de la obra original. Eso bastó para despertar mi interés y me dediqué a buscar un ejemplar de la novela.

Ésta hubiera sido una misión sencilla, de …

Jenny loves me

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Cada vez que descubro o me descubren a un nuevo grupo musical que no me deja indiferente suelo dedicar al menos unos minutos a efectuar una pequeña investigación. Generalmente me gusta saber la nacionalidad del grupo e incluso su ciudad de procedencia, además de leer acerca de su trayectoria hasta el momento y verles las caras en alguna fotografía promocional: únicamente tiendo a pasar por alto los videoclips. Pero en no pocas ocasiones mis expectativas se ven ligeramente defraudadas porque la banda en cuestión ya se ha disuelto cuando llega ese momento de mi primer contacto. Por supuesto que ese hecho no le resta valor a la música que ya he escuchado (o me queda por escuchar) pero es desalentador saber que un grupo que me ha hecho vibrar es uno de tantos que nunca veré en directo o cuyos nuevos álbumes nunca aguardaré con impaciencia. Antes que de un grupo se trata de una especie de bello cadáver con aroma exquisito, un estandarte harapiento más.

Algo parecido es lo que me ocurrió con…