"El Mortzestus, un velero de tres palos, tiene fama de ser una embarcación con mala estrella. Sin embargo, todo parece ir bien al principio... excepto por las sombras".

27 de septiembre de 2009

Quintaesencial

Nick HornbyA pesar de no haber leído más que dos libros (¡y medio!) escritos por Nick Hornby mi relación con este autor es una de las más idílicas que jamás he mantenido, literariamente hablando. Nunca había oído hablar de este inglés hasta que alguien muy cercano a mí me puso una copia de High Fidelity en las manos, conminándome a leerla en un par de días y darle mi opinión. No recuerdo muy bien qué pensé exactamente acerca de la novela en aquel momento pero unos cuantos años y varias relecturas más tarde continúo encontrándola apasionante. Y no es que los temas tratados sean especialmente novedosos pero el envoltorio que recubre a la sustancia es lo que capturó mi atención, con lo musical permeando cada página y el punto exacto de frikismo gamberro que encuentro encantador. Soy tan previsible que con el paso de los años Alta fidelidad ha llegado a ser el libro que he regalado en más ocasiones y uno de los que suelo recomendar a cualquiera que se me aproxime diciendo que no sabe qué leer. Por suerte hace poco ha vuelto a ser reeditado en castellano, tras una incomprensible ausencia de las librerías que duró demasiado tiempo.

Sin embargo y a pesar de este amor al primer vistazo mi segundo encuentro con Hornby tardó bastante tiempo en producirse, viniendo esta vez de la mano de la adaptación cinematográfica de About a Boy. Encontré esta película lo suficientemente entretenida como para animarme a leer la novela en que estaba basada y a escuchar atentamente su banda sonora, a cargo de Badly Drawn Boy. No me parece que la novela llegue a las cotas fijadas por su predecesora pero aún así me pareció en exceso amena, dejándome con ganas de seguir explorando la narrativa de Hornby aunque por el momento siga siendo algo muy pendiente. Mientras tanto también he visto la soberbia adaptación de la propia Alta fidelidad, aunque el trasplante de la trama de Londres a Chicago me pareció que le robaba buena parte de su trasfondo musical y por tanto de su magia.

Pero todavía tengo dos libros más de Nick Hornby juntando polvo en mis estanterías, aunque ambos sean colecciones de ensayos en lugar de novelas. En realidad sólo 31 Songs continúa aguardando el momento adecuado porque ya llevo algunos días dedicado a The Complete Polysyllabic Spree, un libro que recopila las columnas del autor publicadas en la revista literaria norteamericana The Believer entre 2003 y 2006. Lo cierto es que temía que el contenido se limitara a ser un alud de críticas literarias de gran calado que pusiera en evidencia las insondables lagunas de mis propias lecturas. Pero lo que he encontrado al comenzar a abrirme paso entre sus páginas ha sido mucho más atractivo: por supuesto que el hilo conductor son los libros que Hornby compra y lee (o no lee, o da por leídos) pero lo verdaderamente interesante son sus opiniones sobre los propios actos de leer o escribir, el papel que desempeñan los libros en nuestras vidas o cómo nuestras pequeñas bibliotecas personales dicen más acerca de nosotros de lo que podríamos sospechar. Aún no he dado buena cuenta de este libro pero hacía tiempo que no disfrutaba tanto leyendo sobre la lectura misma.

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