"El Mortzestus, un velero de tres palos, tiene fama de ser una embarcación con mala estrella. Sin embargo, todo parece ir bien al principio... excepto por las sombras".

28 de febrero de 2017

Altar de Fey: Casi póstumos

Ni siquiera en sus comienzos el rock gótico fue un todo monolítico y su hipotética esencia original no tardó en ser tamizada por diversas influencias. Quizá por la distancia que la separaba de los epicentros del siniestrismo europeo, la variedad que floreció en California a principios de los años ochenta contó con unas particulares señas de identidad: en especial una mayor afinidad con el hardcore que por allí se estilaba que con el punk de inspiración británica. Christian Death fueron los fundadores y abanderados incuestionables de esta corriente bautizada como deathrock. Pero el caso de Altar de Fey es muy diferente y francamente emocionante, aunque quepa preguntarse en qué medida su historia es una falsa mitología, construida de manera similar a lo relatado sobre Sixto Rodríguez en el documental Searching for Sugar Man.

Altar de Fey
Altar de Fey fue un grupo de deathrock que, tras un brevísimo recorrido hacia mediados de la década de los ochenta, solo legó a la posteridad algunas grabaciones de carácter más bien maquetero y un puñado de fotografías desenfocadas, como si se trataran de una moderna versión de Lautréamont que de nuevo se hubiera propuesto no dejar memorias de sí. Sin embargo, tan exiguo rastro bastó para estimular la imaginación de no pocos aficionados a la música oscura y generar un interés en torno a la banda que, a la postre, ha servido para sacarlos de su retiro. Así, treinta años después de su efímero momento de gloria inicial, Altar de Fey han regresado para grabar su primer álbum.

La escucha de Echoes in the Corridors me ha parecido fascinante y, si no conociera la historia de sus creadores, me habría resultado fácil creer que se trataba de una obra perdida, rescatada de los almacenes de Cleopatra Records; o quizá de un pastiche actual, émulo de la primera oleada del rock gótico californiano. De hecho, este disco conjuga en cierta medida ambas posibilidades al incluir composiciones antiguas junto a material más reciente. En todo caso no falta en él ninguno de los tics que cabría esperar: la teatralidad en la voz, prominentes ritmos de timbales en la batería y un bajo que funciona como sostén indiscutible de una guitarra que parece aullar sus melodías. La semejanza con Only Theatre of Pain es más que evidente, a pesar de que el debut de Christian Death - grabado con medios relativamente limitados - nunca sonara tan bien como este álbum de Altar de Fey. El único aspecto criticable que puedo hacerle a Echoes in the Corridors es su brevedad: ocho canciones saben a poco aunque entre ellas se encuentren joyas como una I See Demons que hace las veces de excelente obertura o la trepidante Right to the Point, que le confieren al disco un valor que trasciende su carácter de anécdota nostálgica.

20 de febrero de 2017

Desperate Journalist: Usando palabras largas

Ya he mencionado en alguna ocasión cómo hace años que la etiqueta post-punk murió de éxito, echado a perder su valor descriptivo por el exceso de uso. Su empleo hoy sirve para poco más que señalar unos postulados estéticos no demasiado específicos, sin realmente dar una idea de a qué sonará un grupo más allá de enfatizar su querencia por los primeros años ochenta en su variedad británica. Sin embargo, pocas categorías capturan mi atención como esta y no puedo dejar de interesarme por aquellos grupos que referencian una época que ha llegado a convertirse en mi El Dorado personal en lo que a música se refiere.

Desperate Journalist, por Josh Thornton
Mi curiosidad por los grupos listados bajo esta etiqueta me ha llevado hasta hallazgos tan interesantes como Dead Rabbits, a quienes las bondades de su repertorio ayudan a alzarse por encima de lo predecible de su sonido. Mucho más inusual es que me tope con bandas del calibre de Desperate Journalist que, sin ser precisamente una flor rara, sí cultivan sonoridades menos comunes en el panorama alternativo actual. Si bien este grupo londinense toma su nombre de una parte absurdamente oscura del anecdotario de The Cure - que yo ni siquiera conocía - hay poco de la banda de Robert Smith en su talante y, de hecho, no me atrevería a señalar otro grupo que The Smiths como sus progenitores más inmediatos. Y a pesar de este parentesco incuestionable, Desperate Journalist no se limitan a calcar las viejas fórmulas mil veces empleadas. Sus guitarras bañadas en chorus no transitan del todo por las mismas sendas que las de Johnny Marr y en ocasiones recuerdan al Bernard Butler de los mejores tiempos de Suede. Y aunque el fraseo de su cantante remite una vez más al ineludible Morrissey, su uso del vibrato me hace pensar más bien en Martin Rossiter, de los extintos Gene.

Su único álbum hasta la fecha, el homónimo Desperate Journalist, está repleto de excelentes canciones y la fecha de publicación de su segundo disco es tan inminente que me siento afortunado por haber conocido a la banda precisamente ahora: las sucesoras de Cristina, Remainder o Eulogy no se harán esperar demasiado.

31 de mayo de 2016

The Witch: Luna de mil caras

The Witch
Aunque no me siento obligado a que mis gustos reposen sobre una sólida base analítica, sí necesito comprender por qué algo es de mi interés o no. Precisamente, el desasosiego experimentado mientras veía The Witch tiene que ver más bien con este punto antes que con lo mostrado en pantalla, a pesar de que esta película se intuía perturbadora ya desde su tráiler. En esta ocasión el escenario es algún lugar de la Nueva Inglaterra rural de comienzos del siglo XVII, cuando una familia abandona la comunidad puritana a la que pertenece para fundar una granja por su cuenta en algún lugar dejado de la mano de dios. El metraje no avanzará demasiado antes de dar paso a los usuales sucesos extraños, presenciados siempre desde el punto de vista de los miembros de la familia a excepción del momento en que presenciamos el destino final del bebé raptado. Por desgracia, esta escena viene a destruir en buena medida el misterio planteado, sin aportar gran cosa a un relato de pretendido horror psicológico.

Probablemente aquí fue donde comenzaron mis problemas con una cinta en la que teóricamente casi todo es correcto y de mi agrado: desde la impecable fotografía hasta su atractivamente opresiva atmósfera, sin olvidar una banda sonora en la que solo hubiera faltado el flautista de la corte de Azathoth. Y sin embargo, The Witch me ha parecido inferior a la suma de sus partes por motivos que no soy capaz de explicar del todo. Quizá el problema radique en mi sobreexposición a un género con el que empiezo a estar demasiado familiarizado.