27 de abril de 2016

Gótico impostado

Guillermo del Toro me recuerda un poco a esas personas de genuina vocación artística que no pueden sustraerse a la necesidad de trabajar para comer. Así, en su filmografía coexisten películas donde su personalidad e intereses se muestran de manera más que evidente junto a otras que, sin llegar a tratarse de simple prostitución artística, han sido realizadas principalmente con la loable intención de llegar a fin de mes. El espinazo del diablo podría incluirse en el primer grupo mientras que, a pesar de no haberla visto ni planear hacerlo nunca, Pacific Rim se me antoja un buen ejemplo del segundo. Y entre ambos extremos podríamos situar sus adaptaciones de Hellboy, realizadas con la intención de llegar a un público masivo pero sin olvidarse de dar cabida a muchas de sus obsesiones; amén de contar con una temática que de seguro ocupa un lugar de honor en su corazón de friki.

Aunque sospechaba que Crimson Peak debía estar más cercana a las obras que podríamos considerar personales, ya desde sus primeros minutos me sentí desconcertado. Quizá fuera por su estética tan góticamente kitsch, que me recordaba a la premonitoria sensación de "esto va a ser un desastre" experimentada hace uno unos años mientras veía el tráiler de Dark Shadows de Tim Burton. El regusto dejado por Crimson Peak no ha sido tan negativo pero tampoco me siento tentado a revisitarla en un futuro cercano.

Crimson Peak viene a ser un elaborado engaño en varios niveles, comenzando con una historia anunciada como "de fantasmas" que en realidad discurre por derroteros bien distintos. En su argumento repleto de pistas falsas, ni las personas son lo que aparentan ni los espectros tienen una relevancia acorde con su generosa presencia en pantalla: de hecho, el guion no sufriría demasiado si se suprimieran todos sus elementos sobrenaturales. Tras un primer acto de duración algo excesiva la acción se traslada a Allerdale Hall, una disfuncional casa solariega que no solo sirve de marco al grueso de la historia, sino que revela en qué se ha gastado del Toro su abultado presupuesto. Dejando de lado la oscura belleza infográfica de la mansión, la película no llega a alzarse por encima de lo pacato de su premisa: unos personajes que engañan a otros para apropiarse de su dinero. Antes que con giros argumentales, el guion está aderezado con tonterías atroces, como una muerte causada por múltiples golpes contra un lavabo siendo calificada de accidental, o un aspirante a héroe que revela al villano que conoce sus nefarios planes. Y aunque no me atrevo a tachar Crimson Peak de poco inteligente, me parece palmario que en su producción los aspectos estéticos han primado sobre todos los demás.

18 de abril de 2016

Inexistencias inconfesables

Existe un tipo de cine que me provoca gran incomodidad, excediendo las emociones causadas por lo mostrado en pantalla. Y es que conozco pocas sensaciones tan funestas como la de no estar a la altura de una narración, generalmente por carecer del bagaje necesario para comprender su contenido simbólico o elementos argumentales. Por ello, al experimentar esto con una película popular o aclamada tiendo a echar mano de comparaciones con el "traje nuevo del emperador" y otros dudosos salvavidas, buscando de manera preventiva un escondrijo en el que refugiarme de mis posibles limitaciones.

Sin embargo no puedo evitar considerar algunas películas como genuinas tomaduras de pelo. Quizá el problema radique en mi excesiva querencia por el elemento narrativo - al que suelo subordinar todos los demás - aunque de una obra como Holy Motors solo puedo destacar la extraordinaria desfachatez de que hace gala al desgranar su conjunto de no-historias. Así mismo, la casi coetánea Enemy inicialmente aparenta contar un relato casi comprensible que pronto se convierte en un desconcertante non sequitur, desembocando en un alucinado final que desafió cualquiera de las interpretaciones a las que pude llegar por mí mismo.

Con Beyond the Black Rainbow he experimentado sensaciones semejantes, pero a un tiempo ha sido una de las pocas películas que me ha hecho pensar con sinceridad en los detalles que se me estaban escapando, sin que ello me impidiera mantener el interés. Escrita y dirigida por Panos Cosmatos, Beyond the Black Rainbow es una obra muy exigente con el espectador, de quien requiere capacidad de observación, dotes deductivas y familiaridad con diversas convenciones de género habituales en la ciencia ficción. A diferencia de las mencionadas Holy Motors o Enemy, no creo que Beyond the Black Rainbow se trate de un camino a ninguna parte o un conjunto de piezas extraídas de rompecabezas diferentes. Más bien se limita a no estar demasiado dispuesta a revelar su enigma a cualquier recién llegado, pero ofreciendo a la postre un jeroglífico descifrable con algún esfuerzo. Esta naturaleza casi lúdica me hace anticipar el momento de un segundo visionado y, desde luego, resulta muy superior a la nada que en ocasiones he encontrado tras parecidas cortinas de humo.

14 de abril de 2016

Viejas olas

Siempre he tenido alma de bibliotecario y a lo largo de los años ha sido inevitable que mi modesta biblioteca personal atravesara diversas reorganizaciones. De este modo mis libros han estado clasificados por autores, materias, géneros o nacionalidades en función de mi capricho del momento, siempre ignorando los sistemas de verdad como el Dewey y las disfuncionalidades al estilo del orden autobiográfico empleado por Rob en Alta fidelidad. Finalmente me he decantado por un sobrio orden alfabético, aunque no haya podido resistirme a mantener una división entre ficción y no ficción. Este último apartado es el que aumenta de manera más esporádica, a base de ensayos que casi siempre versan sobre temas sociales o, quizá con mayor frecuencia, música.

Sin embargo, la lista de mis lecturas revela que nunca he gozado de la amplitud de miras suficiente para alardear de un interés en la música popular verdaderamente omnívoro. Siempre eludo los temas más generales para ceñirme casi en exclusiva a mis sonidos predilectos: diversas áreas del rock y el pop, con el acento puesto en los años ochenta del siglo pasado. Por ello, era obligado que una enciclopedia del post-punk como Rip it Up and Start Again de Simon Reynolds terminara por llegar a mis manos, sobre todo tras haber leído su muy relevante Retromania, a la ya he aludido en alguna ocasión.

La lectura de Rip it Up and Start Again ha sido amena por momentos y, sobre todo, didáctica. No obstante, mis problemas con esta obra son similares a los ya encontrados en Retromania: un afán de exhaustividad verdaderamente agotador, que de nuevo me ha hecho realizar varios altos antes de alcanzar su última página. Rip it Up and Start Again es un libro solo moderadamente extenso, si bien dotado de una enorme densidad que refleja tanto los gustos de su autor como sus repulsiones. Por ejemplo, el apenas velado desinterés de Reynolds por la faceta más oscura del post-punk hace que la obra no se detenga durante demasiado tiempo en Siouxsie and the Banshees y pase de puntillas por bandas como Bauhaus o The Sisters of Mercy. Además el autor parece despreciar el rock gótico en general, acusándolo de una naturaleza reaccionaria que le impide ser lo suficientemente vanguardista, al tiempo que traiciona las esencias rockeras con elementos como cajas de ritmos en lugar de baterías acústicas y bajos que "usurpan el rol melódico". Contradicciones aparte, la definición de post-punk que Reynolds ha manejado durante la escritura de este libro es de carácter más ideológico que sonoro y, así, se hablará de bandas que en su opinión tienen mucho que ver con el ideario del movimiento a pesar de hacer gala de un sonido tan decididamente pop como The Human League tras su refundación. Por el contrario, la obra no menciona ni una sola vez a un grupo como Chameleons. Con todo, Rip it Up and Start Again es una lectura recomendable para cualquier interesado en la música de principios de la década de los ochenta. Pero su sesgada visión ha hecho que finalmente se me antoje hacerme con un ejemplar de Gothic Rock de Mick Mercer, pese a que hoy probablemente esté tan desfasado como descatalogado.