"El Mortzestus, un velero de tres palos, tiene fama de ser una embarcación con mala estrella. Sin embargo, todo parece ir bien al principio... excepto por las sombras".

24 de marzo de 2017

Cayendo hacia arriba

No creo que sea posible entender la producción musical reciente de nuestro país sin tener en cuenta a Los Planetas, un grupo que proyecta su alargadísima sombra sobre ese no tan heterogéneo conjunto de escenas al que solemos referirnos como indie. La influencia de Los Planetas trasciende barreras estilísticas y generacionales, siendo posible encontrar huellas de la misma en lugares insospechados; aunque mis referencias preferidas sean las de índole más bien metamusical. Por ejemplo, en Mi estrategia vital escuchamos a unos jóvenes Grushenka ironizar sobre como "esto no lo arregla [...] ni san J de Los Planetas", mientras que el más veterano Luis Brea se refiere en Baso es con v a "esa puta canción de Los Planetas", justo antes de que la batería arranque con el ritmo de Segundo premio.

Los Planetas - Islamabad
Mi propio interés por esta banda siempre ha sido más bien tibio y centrado en sus primeros álbumes, además del recopilatorio de singles y caras B titulado Canciones para una orquesta química. Por supuesto, tampoco he podido dejar de tomar partido en el polarizador debate generado por la inclusión de elementos de carácter flamenco en sus últimos trabajos. El último capítulo de esta división entre sus seguidores ha sido originado por el single publicado de manera conjunta con Yung Beef, miembro del grupo de trap Los Santos y que anteriormente fuera conocido como Pxxr Gvng. Sin embargo, se ha hablado tanto y tan bien de Islamabad que, en comparación, Ready pa morir (sic) ha terminado por pasar casi inadvertida, algo que no lamento especialmente.

Pero las últimas noticias protagonizadas por Los Planetas han llamado mi atención por otros motivos. El empleo del término "gira" para referirse a los cuatro conciertos que el grupo ofrecerá en los meses próximos se me antoja un tanto excesivo. Y aún más peculiar es que haya sido considerado necesario especificar que esta se tratará de una gira "por salas". Que las giras a la antigua usanza hayan llegado a ser rareza sirve para dar una idea del grado de secuestro de la música en directo llevado a cabo por los festivales, aunque esta no sea una de las cosas de las que Los Planetas son culpables.

17 de marzo de 2017

Code 46: El amor en los tiempos del virus a la carta

En época reciente he recuperado la costumbre de llevar un listado de películas que quiero ver en el futuro. No obstante, a veces transcurre tanto tiempo entre anotación y visionado que cuando llega el momento del segundo he olvidado las causas de la primera. Así, muy a menudo no consigo recordar si mi interés nació de la recomendación de algún conocido, de la lectura de una reseña o incluso de su presencia en una de esas listas de los mejores filmes de tal o cual género, tan ubicuas hoy. Mi más reciente experiencia de este tipo ha sido Code 46, una película de ciencia ficción dirigida por Michael Winterbottom en el periodo que media entre su entretenida 24 Hour Party People y la muy irrelevante 9 Songs.

Code 46
La distopía retratada por Code 46 viene a ser una pesadilla panóptica de tono corporativo, aderezada además con elementos como la manipulación de la memoria humana, la creación de virus mediante ingeniería genética y la posibilidad de incesto accidental provocado por la clonación y la fecundación in vitro. Pero la mayoría de estos detalles son puramente accesorios y ya el primer intertítulo mostrado pondrá de manifiesto la importancia central en la trama de la teoría de la atracción sexual genética. Sumado al empleo del racconto como técnica narrativa, la previsibilidad de la obra alcanza un nivel excesivamente elevado para su anemia argumental. Es más, lo relatado por Code 46 no está en modo alguno a la altura del mundo que construye y a la postre es una de tantas cintas que, bajo una delgada capa de aparente ciencia ficción, oculta una historia de amor, más o menos banal, que alcanzará su vaticinado desenlace mediante un sonrojante diabolus ex machina. Hay algunas similitudes temáticas bastante claras con la más interesante Eternal Sunshine of the Spotless Mind, aunque también se puede percibir un lejano parentesco con Her, que al menos fue lo suficientemente honesta como para llevar Una historia de amor por subtítulo.

9 de marzo de 2017

Protocolos ante el apocalipsis

Pese a su reciente incursión en el Senado, no creo necesario insistir en que el subgénero "de zombis" está más que exhausto: resoplar con afectado desdén cada vez que algún conocido menciona The Walking Dead es algo en lo que ya invierto demasiada energía. Pero a pesar de todo, en las últimas semanas me las he arreglado para ver no una, sino dos películas cuya trama gira en torno a estos muertos vivientes, infectados o lo que se tercie llamarlos en cada ocasión.

Busanhaeng
El primer aspecto negativo que he hallado en Train to Busan está en el propio título con el que ha sido distribuida en nuestro país, como si usar una traducción al inglés le añadiera un imprescindible plus de foraneidad a una obra procedente de Corea del Sur. Por lo demás, Train to Busan es una película anodina cuyo principal interés radica en sus escenas de acción, con los protagonistas recorriendo el interior del tren que le da título mientras intentan no sucumbir ante las hordas de zombis. Su galería de personajes está poblada por los tipos usuales: el héroe que se sacrificará por sus compañeros, un padre dispuesto a todo por salvar a su hija y el siempre bienvenido villano de perfil corporativo. Y, aunque quizá se deba a algún tipo de brecha cultural, la lectura de género que cabe hacer es bastante negativa, con todos sus personajes femeninos prisioneros de roles pasivos y necesitando ser salvados de manera casi constante. Este es uno de los problemas que el innecesario remake ya anunciado quizá trate de atajar, mientras que los rasgos que convierten Train to Busan en un producto afín a un videojuego o una partida de rol probablemente serán percibidos como virtudes y conservados.

The Girl with All the Gifts
El visionado de The Girl with All the Gifts ha ofrecido una experiencia muy diferente. Basada en la novela homónima de Mike Carey (de quien ignoraba su trayectoria como novelista, conociéndolo por su labor como guionista de cómics), esta cinta británica nos remite de manera inevitable a un clásico del subgénero como 28 Days Later, con la que comparte un tratamiento similar de algunos temas. La principal herramienta que aquí se emplea para mantener el interés durante el metraje es sencilla, consistiendo en dosificar el grueso de la información con gran tacañería e incluyendo alguna pista ocasional para espectadores atentos. Por ejemplo, un plano en el que vemos una hormiga encaramada a una brizna de hierba podría ofrecer alguna información a micólogos, aficionados a documentales o lectores avezados de la Wikipedia. Así mismo, la película emplea el mito de Pandora como leitmotiv, desde su propio título (Pandora significa literalmente "todos los dones", al igual que "all the gifts" en el título original) hasta un final que casi me atrevería a calificar de sorprendente. Pero el mayor elogio que puedo dedicarle a The Girl with All the Gifts es que ha despertado mi curiosidad por la novela en que se basa: un libro que en su edición en castellano ha sido titulado como Melanie, recibiendo además Una novela de zombis a modo de subtítulo tan escasamente original como poco apetecible.